martes, 25 de diciembre de 2012

RECOSTADO EN EL PESEBRE


Meditación: RECOSTADO EN EL PESEBRE
Autor: Manuel Gil de Sagredo Arribas
Fecha: 3 de septiembre de 1951

NOTA ACLARATORIA: El P. Sagredo fue encarcelado el día 17 de junio de 1951 y su juicio se celebra el día 24 de octubre, resolviéndose con su expulsión de China. Este puzle de fechas nos presenta el lugar donde fue escrita esta reflexión navideña, que no es otro que la cárcel. Sagredo, torturado física y psicológicamente, agotado por la mala alimentación, vive su noche oscura. En esa noche oscura piensa y contempla misterio de la Navidad para encontrar consuelo. Fruto de esa contemplación es esta meditación y otras 2 más que nos trasmiten la búsqueda de sentido de lo que está viviendo.
“Ha Nacido el Salvador y he aquí la señal para conocerle. Encontraréis un niño puesto en el pesebre”. Así encontraron los pastores el Niño Jesús. La Virgen no teniendo cuna para acostarle en aquella gruta fría, le recostó en el pesebre de unos animales. Y así permanece el divino infante sufriendo en su tierno cuerpecito lo duro del lecho, los rigores de la estación y todas las incomodidades consiguientes a tanta pobreza, hasta que la Sagrada Familia encontró una casita en Belén, donde sin embargo todo había menos comodidad dada la pobreza de aquellos santos Personajes. ¿Por qué Jesús quiso nacer tan pobre y abrazarse desde su nacimiento con la mortificación? ¿Por qué no permitió a su cuerpo tan tierno y delicado de las mínimas comodidades que a todos los niños se conceden por pobres que sean?

¡Ah! Es que Jesús sabía la necesidad de la mortificación corporal, para expiar los pecados de nuestra carne y remediar las almas de su esclavitud. Por eso su mortificación comienza en el pesebre y no termina hasta el Calvario. “Tota vita Xti. Crrux fuit et martyrium, nos dice la Imitación. Considérale hoy particularmente mortificado entre esas pajas, tiritando de frío, con sus ojos mirando al cielo como ofreciendo al Padre celestial sus primeros actos de mortificación con la salud de las almas, y después mirándote a ti como para preguntarte si comprendes la lección que te está dando, de amor a la mortificación, de odio al regalo.

Jesús ama la mortificación y odia el regalo de los mundanos. ¿Quién podrá dudarlo? La vida dura que llevó comenzando por el pesebre, la escogió Él mismo como expiación del pecado que esclaviza al hombre.

Si quieres, pues, salvar tu alma y expiar tus pecados debes amar la mortificación y huir del regalo como Jesús. Pero si quieres ser apóstol y salvar las almas y expiar los pecados de la Humanidad como el divino Redentor y subir con Él al altar para ofrecer la Víctima Inmaculada, ¡Ah! Entonces, tu amor a la mortificación corporal y tu odio y horror a la vida regalada debe subir de punto, y llegar a semejarse lo más posible al suyo. Examínate a fondo y mira en qué estado se encuentra tu alma respecto a esta virtud. Piensa que sin ella nunca serás un verdadero Redentorista, porque para ser verdadero Redentorista hay que saber redimir a las almas y para redimir a las almas hay que usar los medios que él mismo usó. Y cuales fueron estos medios sino la mortificación y la Cruz? Mortificación en el cuerpo, mortificación en el alma, sacrificio total y completo.

¡Ah! Cuan necesario es tomar resoluciones serias y darse durante este mes de veras a la práctica de esta virtud.

¡Oh! Jesús Modelo Divino, desde tu nacimiento me enseñas cómo debo tratar mi cuerpo que tantas veces ha sido ocasión de pecado. Yo quiero entrar de lleno en la práctica de la mortificación imitándote a ti y luchando por echar de mi este horror que tengo a la mortificación y amor al regalo. Ayúdame divino Niño por el amor de tu Madre bendita, que tanto sufrió en su corazón al verte a Ti tan falto de todo.

¡Oh! María, Madre buena, ayúdame en la práctica de la mortificación.

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